Si alguna vez te has sentido juzgado, ignorado o incomprendido por tu peso, no estás solo/a. Para muchas personas, el peso no es solo una cuestión física: es emocional, social y profundamente personal. Si además eres neurodivergente o estás escuchando cada vez más sobre los medicamentos para perder peso, todo puede resultar aún más confuso o abrumador.
Esta entrada de blog quiere ofrecerte información de forma amable, no respuestas cerradas ni instrucciones. Piénsalo como una guía de apoyo para ayudarte a entender el contexto más amplio y recordarte que tu experiencia importa.
Comprender el estigma del peso
¿Qué es el estigma del peso?
El estigma del peso se refiere a los juicios negativos o a la discriminación que sufren las personas por el tamaño de su cuerpo. Puede aparecer de formas evidentes —comentarios de otras personas, estereotipos en los medios de comunicación o experiencias incómodas en el ámbito sanitario— y también de maneras más sutiles, como una voz interna crítica que te dice que tu cuerpo está “mal”.
Con el tiempo, este estigma puede influir en cómo te ves a ti mismo/a, afectando a tu autoestima, tu confianza y tu salud mental.
Privilegio de la delgadez
Las personas con cuerpos más pequeños suelen moverse por el mundo con menos obstáculos. Es menos probable que sus problemas de salud se atribuyan automáticamente a su peso o que sean juzgadas antes de hablar. En cambio, las personas con cuerpos más grandes a menudo se enfrentan a miradas, suposiciones y culpabilización, incluso cuando están cuidándose lo mejor que pueden.
Cómo afecta el estigma del peso al bienestar
Vivir con estigma del peso puede llevar a:
- Retrasar la búsqueda de atención médica
- No ser tomado/a en serio por los profesionales
- Ansiedad, bajo estado de ánimo o vergüenza
- Sentimientos de culpa o responsabilidad por cosas que escapan a tu control
Nada de esto significa que seas débil. Significa que estás respondiendo a un sistema que con frecuencia no trata a los cuerpos con justicia ni compasión.
Neurodivergencia y alimentación
Si eres neurodivergente —por ejemplo, si tienes TDAH o eres autista— tu relación con la comida y la alimentación puede ser diferente de lo que la sociedad espera.
Puede que notes:
- Dificultad para reconocer el hambre o la saciedad
- Problemas para planificar comidas o mantener rutinas
- Uso de la comida para estimulación, consuelo o concentración
Necesidades sensoriales y emocionales
La comida también puede estar ligada al confort sensorial. Las texturas, los sabores o las sensaciones digestivas pueden influir mucho en lo que resulta tolerable o seguro comer. Para muchas personas, la comida se convierte en una forma fiable de regular emociones, estrés o sobrecarga.
Cuando a esto se suma la presión social o el enmascaramiento, el riesgo de desarrollar patrones de alimentación desordenada puede aumentar, a menudo sin que nadie lo advierta.
Azúcar en sangre, estado de ánimo y cerebro
El cerebro depende de la glucosa (azúcar) como fuente de energía. Cuando los niveles de azúcar en sangre suben y bajan bruscamente, esto puede afectar a cómo te sientes y cómo funcionas.
Podrías experimentar:
- Cambios de humor o irritabilidad
- Cansancio o niebla mental
- Antojos intensos
- Sensación de “perder el control” con la comida
Estas reacciones no son una falta de disciplina: son la forma en que tu cuerpo intenta recuperar el equilibrio.
Fármacos para la pérdida de peso: lo que quizá estés escuchando
Puede que hayas oído hablar de medicamentos como la semaglutida, muy presentes en redes sociales y en los medios. Se conocen como agonistas del receptor GLP-1 y se desarrollaron originalmente para tratar la diabetes tipo 2. Hoy en día, se prescriben cada vez más para la pérdida de peso.
¿Cómo funcionan?
Estos medicamentos pueden:
- Reducir el apetito actuando sobre el cerebro
- Hacer que te sientas lleno/a durante más tiempo
- Ayudar a regular el azúcar en sangre
- Influir en la dopamina y en los circuitos de motivación
Por qué a algunas personas les resultan útiles
Muchas personas describen beneficios como:
- Menos pensamientos constantes sobre la comida (“ruido mental”)
- Mejora del control de la glucosa y de la salud metabólica
- Sensación de mayor calma o concentración
- Alivio tras años de lucha con el peso o la alimentación
Para algunas personas, este espacio mental puede sentirse transformador, permitiendo dedicar energía a las relaciones, el trabajo o el autocuidado.
Posibles riesgos y efectos secundarios
También es importante saber que estos medicamentos no son neutros ni están exentos de riesgos.
Efectos físicos
Algunas personas experimentan:
- Náuseas, vómitos o diarrea
- Menor ingesta de nutrientes por comer mucho menos
- Pérdida de masa muscular o cambios hormonales
- Molestias digestivas persistentes
Riesgos emocionales y sociales
También pueden aparecer efectos psicológicos, como:
- Activación o empeoramiento de trastornos de la conducta alimentaria
- Sensación de vacío emocional si la comida deja de proporcionar placer
- Recuperación del peso al suspender el tratamiento
- Mayor vulnerabilidad si la comida ha sido una estrategia clave de afrontamiento
Las redes sociales a veces trivializan estos riesgos, creando expectativas poco realistas o reforzando la vergüenza.
Pensar en la elección y la autonomía
Si estás considerando un medicamento para perder peso —o sientes presión para hacerlo— está bien parar y reflexionar. No existe una decisión moralmente “correcta”.
Algunas preguntas que pueden ayudarte son:
- ¿Por qué estoy pensando en esto ahora?
- ¿Qué espero que cambie en mi vida?
- ¿Qué apoyos necesitaría además del medicamento?
- ¿Cómo encaja esto con mis valores y mi bienestar?
Si se utilizan, estos fármacos suelen funcionar mejor como parte de un apoyo más amplio: salud mental, nutrición, descanso, movimiento y manejo del estrés.
El panorama general: imagen corporal y salud
El aumento del uso de medicamentos para perder peso puede transmitir el mensaje de que los cuerpos deben cambiar para ser aceptados. Esto puede debilitar, de forma silenciosa, la autoaceptación y la diversidad corporal.
Conviene recordar que:
- La salud no tiene una única forma
- La delgadez no es lo mismo que el bienestar
- Tu cuerpo merece respeto en cualquier tamaño
Si te has sentido presionado/a por profesionales sanitarios, familiares o la sociedad para perder peso, la terapia puede ser un espacio donde bajar el ritmo y volver a escuchar tu propia voz.
Un cierre amable
El peso, la alimentación, la neurodivergencia y los medicamentos se encuentran en la intersección de la biología, la psicología y la cultura. No existe una solución única, ni una versión de ti que necesite ser “arreglada” para merecer cuidado.
Decidas lo que decidas, mereces compasión, información clara y un apoyo que te vea como una persona completa, no solo como un número en la báscula.
Fuente:
Wright, B. and Smith, L. (2025). Weight Stigma and Weight Loss Drugs [lecture]. Counsellor CPD. Counselling Tutor. [26/01/26].