El duelo es una respuesta emocional profunda ante la pérdida de alguien o algo importante. Puede sentirse abrumador, confuso y a veces impredecible. Aunque suele asociarse a la muerte, el duelo también puede aparecer tras otros tipos de pérdida, como cambios en la identidad, las relaciones, los roles, la salud o las expectativas de futuro. No existe una forma “correcta” de vivir el duelo, y cada persona lo atraviesa de manera diferente y a su propio ritmo.
Una de las primeras teorías más conocidas fue el modelo de Elisabeth Kübler-Ross, a menudo descrito como DABDA: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Este modelo puede ayudar a entender algunas reacciones comunes, como el shock o el embotamiento emocional (negación), la ira ante lo ocurrido, los intentos de revertir o cambiar la situación (negociación), una profunda tristeza (depresión) y, finalmente, cierta forma de adaptación (aceptación). Sin embargo, hoy se entiende que este modelo no es lineal. Las personas no avanzan de forma ordenada de una etapa a otra; las emociones pueden superponerse, repetirse o aparecer en distinto orden según la persona y la situación.
Teorías posteriores desarrollaron una comprensión más flexible del duelo. El modelo basado en el apego de Bowlby y Parkes describe el duelo como fases que pueden incluir entumecimiento (sentirse irreal o desconectado), anhelo (una intensa sensación de pérdida y deseo), desorganización y desesperación (dificultad para encontrar sentido o funcionar), y reorganización (reconstruir gradualmente la vida y la identidad). Este enfoque destaca que el duelo está profundamente vinculado al apego: cuanto más fuerte es el vínculo emocional, más intensa puede sentirse la respuesta de duelo.
El modelo de las Cuatro Tareas del Duelo de Worden ofrece otra perspectiva, centrada en lo que la persona necesita elaborar en lugar de etapas por las que pasa. Estas tareas incluyen aceptar la realidad de la pérdida, experimentar y procesar el dolor, adaptarse a la vida sin la persona o situación, y encontrar una forma de conexión continuada mientras se avanza en la vida. Este modelo entiende el duelo como un proceso activo y continuo, no algo que simplemente “te sucede”.
El Modelo de Proceso Dual (Stroebe y Schut) añade otra dimensión al mostrar que las personas oscilan de forma natural entre dos modos: el afrontamiento orientado a la pérdida (sentir el dolor emocional, echar de menos, recordar la pérdida) y el afrontamiento orientado a la restauración (adaptarse a cambios prácticos, asumir nuevos roles, crear rutinas y volver a implicarse en la vida). Esta “oscilación” se considera saludable y refleja cómo el duelo cambia con el tiempo.
Tipos de experiencias de duelo
El duelo no es una única experiencia. Puede presentarse de distintas formas según las circunstancias:
- Duelo normal: tristeza y malestar que con el tiempo se vuelven más manejables
- Duelo anticipado: duelo que comienza antes de una pérdida esperada (por ejemplo, enfermedad, separación o cambios vitales)
- Duelo complicado: cuando el duelo se siente bloqueado, prolongado o especialmente intenso, dificultando el funcionamiento cotidiano
- Pérdidas secundarias: pérdidas adicionales tras una pérdida principal, como cambios en la economía, la identidad, las relaciones o el hogar
- Duelo traumático: duelo asociado a circunstancias impactantes, repentinas o traumáticas
- Duelo colectivo: duelo compartido por grupos o sociedades ante acontecimientos importantes
Estas formas muestran que el duelo no es solo emocional, sino también psicológico, social y práctico.
Algunas consideraciones en el duelo secundario son:
- Ser consciente de que llorar o sentir el dolor puede parecer un “lujo” cuando otras preocupaciones (como la vivienda, el dinero o el cuidado de los hijos) son prioritarias.
- Perder a una pareja también puede implicar una pérdida de identidad y de futuro.
- A veces es necesario atender primero las necesidades más urgentes antes de poder abordar la pérdida principal.
- La pérdida principal suele emerger cuando las pérdidas secundarias se van estabilizando, ya que se empieza a reconstruir la vida y a hablar de la persona fallecida (a menudo con apoyo terapéutico).
Apego, identidad y duelo
La teoría del apego (Bowlby) sugiere que nuestras relaciones tempranas influyen en cómo vivimos las pérdidas más adelante. Estilos de apego como el seguro, ansioso o evitativo pueden influir en si una persona busca apoyo, le cuesta expresar emociones o se siente desbordada ante la separación.
El duelo también puede implicar cambios en la identidad, especialmente cuando la relación o el rol perdido era central en la forma en que la persona se entendía a sí misma. Algunas teorías describen cómo la pérdida puede afectar a la sensación de continuidad del yo, haciendo que parezca que una parte de uno mismo falta y necesite tiempo para reconstruirse.
Una comprensión desde el trauma
Desde una perspectiva informada en trauma, el duelo no es solo emocional, sino también una experiencia que puede afectar al sistema nervioso. En el duelo traumático, el cuerpo puede permanecer en estado de alarma, bloqueo o desconexión, lo que dificulta pensar con claridad o sentirse enraizado.
Por ello, una idea clave es que la seguridad y la regulación emocional son prioritarias antes que el procesamiento profundo. No siempre es útil “forzar” el duelo sin apoyo, especialmente si el sistema nervioso está sobrecargado. El trabajo terapéutico suele centrarse en la estabilización, el enraizamiento y la recuperación gradual del sentido de seguridad y conexión.
Algunas formas de apoyo pueden incluir:
- mantener rutinas suaves que aporten estructura
- mantenerse en contacto con personas seguras
- permitir que las emociones aparezcan sin juicio
- respetar los ritmos personales del proceso
- cuidar el descanso, la alimentación y las necesidades físicas
- entender que el duelo puede aparecer en oleadas
También es importante reconocer que pueden activarse respuestas de supervivencia como embotamiento emocional, ansiedad o retraimiento. Estas no son señales de fracaso, sino respuestas naturales ante el sobreesfuerzo emocional.
Avanzar en el proceso
El duelo no significa olvidar. Muchas teorías, como la de Worden, reconocen que los vínculos continuados con lo perdido pueden formar parte de una adaptación saludable. Esto puede incluir recordar, reflexionar o mantener una conexión interna mientras se continúa viviendo de una forma transformada.
El proceso de sanación en el duelo suele consistir en integración, más que en “superarlo”: aprender a sostener simultáneamente la pérdida y la vida que continúa.
Fuentes
Hughes, N. (2022). Preparing to work with loss and bereavement [conferencia]. Counsellor CPD. Counselling Tutor. [29/05/2024].