Este artículo sobre la ansiedad reúne las experiencias de Michelle Vickers, psicoterapeuta y coach del Reino Unido, junto con mi experiencia trabajando con la ansiedad desde un enfoque informado en trauma.
Desde esta perspectiva, es importante recordar que la ansiedad no es “solo mental” ni algo que simplemente haya que eliminar. A menudo es una respuesta protectora moldeada por la experiencia, el aprendizaje y, en algunos casos, por eventos tempranos de la vida que pueden no estar completamente en la memoria consciente. Tiene sentido que el sistema nervioso aprenda a mantenerse en alerta cuando necesita protegernos.
Los trastornos de ansiedad son muy frecuentes y parecen estar aumentando, lo que suele relacionarse con una combinación de presiones de la vida moderna, mayor conciencia sobre la salud mental y un mejor acceso al diagnóstico y al apoyo.
En el Reino Unido, se estima que millones de personas experimentan síntomas de ansiedad en algún momento, con estudios que sugieren que aproximadamente entre una de cada seis y una de cada tres personas puede verse afectada, dependiendo de cómo se mida la ansiedad.
En España, diferentes estudios poblacionales también indican que una proporción significativa de la población ha experimentado síntomas de ansiedad en algún momento de su vida, y muchas personas reciben un diagnóstico formal relacionado con la ansiedad.
Estas cifras probablemente subestiman la realidad, ya que muchas personas no buscan ayuda profesional por vergüenza, por normalización de los síntomas o por dificultades de acceso. En conjunto, estos datos muestran que la ansiedad no es algo aislado o raro, sino una experiencia muy común y compartida.
Comprender la ansiedad
La ansiedad puede entenderse como una respuesta aprendida ante una amenaza percibida, que puede convertirse en un ciclo habitual de pensamientos, emociones, sensaciones físicas y conductas.
En su base, la ansiedad es protectora: nos ayuda a responder al peligro. Sin embargo, se vuelve problemática cuando se activa en situaciones que no son realmente peligrosas, como quedar con un amigo, ir a trabajar o salir de casa.
Desde una mirada informada en trauma, la pregunta clave no es “qué me pasa”, sino:
“¿Qué ha aprendido mi sistema nervioso que necesita hacer para mantenerme a salvo?”
El ciclo de la ansiedad
La ansiedad suele mantenerse a través de un ciclo repetitivo:
- Pensamientos (a menudo tipo “¿y si…?”)
- Emociones (miedo, pánico, preocupación)
- Sensaciones corporales (taquicardia, tensión, mareo, náuseas)
- Conductas (evitación, búsqueda de seguridad, aislamiento)
Estos elementos se retroalimentan. Por ejemplo, un pensamiento como “algo malo puede pasar” genera activación corporal, lo que lleva a evitar la situación, reforzando la idea de peligro.
Desde una perspectiva trauma-informada, esto no es “pensamiento defectuoso”, sino un sistema nervioso intentando protegerte a partir de aprendizajes previos.
Síntomas de la ansiedad
La ansiedad puede manifestarse de muchas formas:
Físicamente: palpitaciones, dificultad para respirar, mareos, fatiga, molestias digestivas
Cognitivamente: rumiación, preocupación, dificultad de concentración, pensamientos intrusivos
Emocionalmente: miedo, pánico, irritabilidad, sensación de sobrecarga
Conductualmente: evitación, aislamiento, comprobación constante, consumo de sustancias
Es muy común sentir vergüenza por estos síntomas, especialmente cuando no son visibles para los demás. Un enfoque informado en trauma trabaja activamente para reducir la vergüenza y aumentar la comprensión.
Trastornos de ansiedad
La ansiedad puede presentarse en distintas formas, como:
- Trastorno de ansiedad generalizada
- Trastorno de pánico
- Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
- Ansiedad social
- Trastorno de estrés postraumático (TEPT)
- Fobias
- Agorafobia
- Dismorfia corporal
No se trata de “tipos de personas”, sino de diferentes maneras en las que el sistema nervioso organiza la respuesta al miedo y a la protección.
El papel de la experiencia vital y el trauma
La ansiedad puede desarrollarse a partir de una combinación de factores:
- Experiencias de apego temprano
- Entorno emocional en la infancia
- Trauma (eventos únicos o prolongados)
- Transiciones vitales estresantes (duelo, enfermedad, cambios, pérdidas)
- Estrés acumulado a lo largo del tiempo
A veces hay un evento claro. Otras veces la ansiedad parece no tener un origen definido, lo que puede resultar confuso o angustiante.
Desde una perspectiva trauma-informada, ambas cosas son válidas: el sistema nervioso responde a lo que ha resultado abrumador, haya sido o no plenamente consciente.
El cerebro y la respuesta de amenaza
Cuando percibimos amenaza, el cerebro activa una respuesta rápida de supervivencia:
- La amígdala detecta peligro
- El hipotálamo activa el sistema de estrés
- El cuerpo se prepara para luchar, huir o bloquearse
Esto ocurre muy rápido, a menudo antes del pensamiento consciente. Por eso la ansiedad puede sentirse intensa o desproporcionada: es un sistema de supervivencia muy sensible.
Una nota sobre la rumiación
La rumiación (pensamiento repetitivo sin resolución) es muy común en la ansiedad. Aunque la mente intenta resolver un problema, en realidad puede mantener el ciclo activo.
Un enfoque trauma-informado no intenta eliminar los pensamientos, sino cambiar la relación con ellos, ayudando a verlos como eventos mentales, no como hechos o predicciones.
El “Monstruo del Miedo” (Michelle Vickers)
Una metáfora útil introducida por Michelle Vickers es la del “Monstruo del Miedo”.
Ayuda a entender cómo la ansiedad puede parecer que tiene vida propia.
En este modelo, el Monstruo del Miedo crece cuando:
- evitamos las situaciones temidas
- alimentamos la preocupación y la rumiación
- respondemos automáticamente con conductas de protección
Y se debilita cuando empezamos a relacionarnos con él de otra manera.
La idea no es “luchar” contra él, sino:
- observarlo
- comprenderlo
- y poco a poco cambiar la relación con él
En el trabajo informado en trauma, esto nunca implica forzar exposiciones ni ir más allá de la ventana de tolerancia. Se trata de construir seguridad, conciencia y elección progresivamente.
Medidas para prevenir y gestionar la ansiedad
Además de la terapia, existen prácticas que pueden ayudar a regular la ansiedad:
- Mantener un estilo de vida equilibrado: sueño, alimentación, hidratación y ejercicio moderado
- Crear conexiones de apoyo: mantener relaciones, actividades y vínculos significativos
- Realizar actividades placenteras: naturaleza, música, creatividad, ocio
- Aprender técnicas de regulación: respiración, mindfulness, yoga, movimiento suave
- Identificar desencadenantes: reconocer señales tempranas de ansiedad
- Trabajar la conciencia emocional: poner nombre a lo que sientes
- Buscar apoyo: personas cercanas o comunidades de apoyo
- Revisar pensamientos ansiosos: distinguir entre lo probable y lo posible
- Diferenciar control e incertidumbre: enfocarse en lo que sí está en tu mano
- Buscar ayuda profesional: cuando sea necesario
Cómo puede ayudar la terapia
Un enfoque integrador, humanista e informado en trauma trabaja con la ansiedad a través de:
- la construcción de seguridad en la relación terapéutica
- la comprensión de patrones sin juicio
- la regulación emocional
- la reconexión entre mente y cuerpo
- el reconocimiento de desencadenantes
- el aumento progresivo de flexibilidad y elección
Pueden utilizarse enfoques como la terapia centrada en la persona, estrategias basadas en TCC, mindfulness o trabajo corporal, siempre adaptados a la persona.
No existe una única forma “correcta” de trabajar la ansiedad. Lo importante es que el enfoque encaje contigo, tu historia y tu momento actual.
Reflexión final
La ansiedad no es un fallo personal. A menudo es la señal de un sistema nervioso que ha aprendido a mantenerse en alerta para protegerte.
La terapia no busca borrar la experiencia, sino ayudarte a desarrollar más elección, más flexibilidad y una relación más compasiva contigo mismo/a.
Fuentes:
Vickers, M. (formación en Counselling CPD sobre ansiedad – psicoterapeuta y coach, Reino Unido)
Datos de prevalencia de salud mental en Reino Unido y España (fuentes de salud pública, NHS y encuestas nacionales, rangos 2013–2023)